¿Bailemos el agua? (parte 2)

- ¿Y? - mi hermana restaba exactamente en la misma posición que el día anterior, desafiándome con sus brazos cruzados -. Esa puede ser la opinión de una tía, nada más. Sí, admito que existe o puede existir cierto colectivo de mujeres a las que les encanta sentirse halagadas. Ha sido un tremendo descubrimiento por tu parte. ¿No tienes nada más que hacer?
Le dije Hay algo que no me cuadra, manita. ¿cómo explicas que a cualquier tío al que le cuente esa historia se quede varios días en estado de shock? Es como si nos hubiéramos pasado la mayor parte de nuestra vida sumergidos y sólo ahora comenzáramos a usar los pulmones.
- Querrás decir que sólo ahora comenzáis a usar las neuronas.
La muy cabrona parecía un corredor que ha llegado a la meta treinta minutos antes que tú y sólo te espera para señalarte con el dedo mientras sudas a chorros. Adelante, riéte. Pártete. Puedes.
- Claro que puedo. Es más fácil reírse de vuestro desamparo que quitarle un caramelo a un niño. De hecho sois como niños ante las mujeres. Todo lo que creéis saber son esencialmente un montón de tópicos, frustraciones mal adquiridas y delirios de semen engarzados en un pilar de hojalata. Sí, ya va siendo hora de que uséis los pulmones y no las branquias. ¿Tú sabes cómo conquistar a una mujer?
Eh...
- ¡Ajá! Y eso que no has andado precisamente escaso de ellas, aunque ahora lo estés.
Tal vez sí haya estado sólo todo este tiempo.
- Mhm - me miró de arriba a abajo, resoplando -.Cristina sigue estando bastante presente, por lo que veo.
La Cristina que mencionas se acabó, manita. Más me vale enterrarla si no quiero enloquecer.
- Ya conoces mi opinión respecto a eso...
Y tú conoces de sobras la mía.
- Y sabes que no la comparto.
Sabes que compartimos más bien poca cosa, tú y yo.
- Mi hermano, cuando era en verdad mi hermano, tenía por costumbre no bajar los brazos antes de tiempo. Era vehemente como una bacteria.
¿Lo qué?
- La primera pregunta que debería, que deberías hacerte, es si realmente has deseado alguna vez conquistar a una mujer, o si sólo has deseado tapar una grieta con masilla. Ese es un paso. Deja de concebirlas como un blanco para el cual se pueda tramar algún plan ambivalente. Lo único cierto e indistinguible es que tienen un momento para todo, así que adelántate a la línea de guión. Si las cosas van bien, haz que vayan mejor. Si las cosas van mal, asegúrate de que no parezca culpa tuya. Por lo que yo he observado, las mujeres son muy susceptibles a las técnicas de manipulación masculinas, que por otra parte son bastante simplonas; pero cuanta más llena está la hucha, más difícil es tomar la decisión de romperla... aunque eso ya es el segundo paso, cuando los cabos más gruesos están atados: en cuanto hayas aprendido eso, te habrás licenciado con honores. Tan sólo deberías recordar esto: perseveracia, dedicación, confianza. Quédate con esos tres pajaritos de momento... y cazarás presas mayores en tu feliz futuro matrimonial. ¿Lo ves más claro ahora?
Manita, dime una cosa.
- Qué. Escupe, dispara. Tengo que salir estar tarde y no tengo todo el día. Adivino lo que vas a decir, ¿verdad?
¿Cómo se me ocurre hacer estas preguntas a una lesbiana que lleva mi misma sangre y además me odia?
- ¿De dónde te sacas tanta mentira? Yo tengo mucha más sangre, y tortillera no soy; sino Alejandra. Chaos.
En realidad era una puta condena. Cuando más hincaba el diente, más mareado me sentía. Me había obsesionado tanto con un concepto que no llegaba a entender que todos los demás aspectos de mi vida me habían empezado a parecer inútiles; y como la consecuencia de una consecuencia, hasta yo me empecé a sentir inútil. Decidí que al día siguiente me pondría enfermo y así al menos me libraría del condenado informe Guggenheim que mi jefe me había pedido con urgencia. Ah, eso sí se parecía más a la vida: toda la mañana en albornoz, estirado sobre el sofá de piel como un filete y alternar entre el teletexto deportivo, la última de Keanu Reeves y la última de Nacho Vidal. En aquella tesitura autista pensé en llamar por la noche a Julián y a algún que otro bravucón, a ver si en el Danko's o en el Genova había carne de primera; y recordé el discurso de manita, que me había dejado la sensación de que encerraba una verdad absoluta y yo no había sido capaz de seguirla más que en sus dos últimas frases. Habría que perseverar, pues. El único problema era que los treinta y tres, que me parecían una cifra atroz, estaban a la vuelta de la esquina; que se me estaba desinflando la confianza igual que el pito sobre el sofá, que se me atragantaba desde niño lo de "dedicación" aunque sabía que significaba algo, y en cuanto a la perseverancia... aún estaba intentando recordar dónde la había dejado.

2 comentarios:

Guri dijo...

Más bien es que cada género mira al otro como si albergara algo completamente desconocido. Vemos al otro funcir el ceño e imaginamos el pensamiento que rondará su cabeza, sin ser capaces de reconocer ese mismo gesto en nuestras propias facciones, al intentar aberiguar el secreto del pensamiento.

Osease. Una nuca que mira otra nuca-

:)

Lars dijo...

Guri, te doy la razón y te remito una cita del gran Julio Cortázar:

"la historia de la humanidad es el triste resultado de que cada uno mire por su cuenta"