Como gustes


Yo te llamé preciosa y tú contestaste para nada, pura fachada, mejor vas con cuidado conmigo y todo eso, ¿pero entonces cómo que no te saco de la cabeza, guapa? La fachada no hace eso, desde luego que a ti te brilla algo especial, si no explicadme, muchachos. Que ya desde el principio me llamaste la atención, en aquél bar en que entramos los italianos y yo, lo primero es lo primero y hoy hay cumpleaños. Mira que había gente en el banquito, los aplausos todos para la protagonista, ¿Sara se llamaba? Raúl me intentaba convencer para una ronda de escritos, espera que voy al lavabo y saco papel higiénico, ¿y para qué, macho? Para escribir la historia de mi vida. Yo muy inspirado, la verdad, como que no. Me acuerdo de la tal Nadia, pelirroja y unas tetas así, se paseaba sin ningún disimulo como si quisiera poner en apuros al novio, ¿una chavala compleja, decís? Compleja no, peligrosa, Ismael. Mírala cómo me mira, sin rodeos, sabe que su pobre maromo tendría que reaccionar. Y Jorge y yo que nos mordemos la muñeca, ¿entramos a matar o qué? Si ya me fijé en ti fue por las voces que dabas, viva Sara, que se besen que se besen, y que cuumplas muuchos máas... y aún con eso qué clase la tuya. Pero en el Award es cuando revelas todito tu potencial. Oye, que no te me vayas a reír, va en serio, si se trata de volver a verte me tienes allí todos los fines de semana. ¿Verdad que se estaba bien en los sofás de cuero? Para liarse un petardo disimuladamente, que ni al pelo, y de paso a conocer gente, que nunca falta, ¿hey y éste como se llamaba? Sandro, ¿de Italia y de dónde? Sicília. ¿Mafiosillo, eh? Ah, qué original el humor español, ¿y aquí qué pinchan? Un poco de todo, chaval, Depeche Mode, The Clash, Doors, buen refrito, no se encuentra un sitio así en cualquier parte, desde luego que no, por algo lo llaman el Award. Te me acercas un momento y, sin conocerme de nada, me diriges la plabra y me quedo como comunicando, sí, claro que la copa es mía, cariño, ¿gustas? Ya es el hecho de que te guste Barry White, y que me lo cantes con ese descaro tan tuyo, fijáos qué duende tiene esta tipa. Pero luego, ¿quién me lo iba a decir? Tienes que disculparme, que no sé beber o no sé vivir y me pongo como me pongo, no había que ser un lince para darse cuenta de mis intenciones. Alguien como tú está claro que debía dedicarse a algo inusual, así que evaluadora de Independencia, bien, a mí casi me da la vergüenza padre presentarme como mecánico, por eso tengo que decirte lo de que me dedico a escribir, verdades a medias y si cuela, cuela. Saber que estabas tan cerquita, con esa piel de treintañera por dentro, de mozalbeta por fuera, charming que dicen en Inglaterra, ¿pero aquí no se baila, coño? Y como dije, los cubatas iban cayendo como por efecto de la lluvia, maravilloso, muchachos, sin pagar un puto duro y pillando una cogorza cósmica. Tú también cogías tu tono y aun así, nada de perder tu porte, el interés intacto. Creo que había luna llena y al igual fue por eso, todos haciendo peñita, los italianos descamisándose, Raúl chupando como una esponja, a ése mejor dejadle sólo; Sara y esa rubia silenciosa que casi confundo con una estatua, ¿comprobamos a ver si respira?. Y el DJ luciéndose con ese recopilatorio ochentero, She has, Personal, Jesus... lástima lo de Jorge, mal se le veía desde el principio y lo mío me costó que se quedara, anda y no me seas así, aquí hay carnaza, ¿no te has fijado en cómo te mira ésa? Pero no tengo un duro y estoy cansado, vaya, Jorgito, quédate aquí hasta las cinco, pero el tío puso pies en polvorosa y luego me contó que una chica le entró, pero él tan envarado como siempre, le faltaban dos copichuelas, o cuatro digo yo. Así que me veo más sólo que Caperucita, Isa bastante tiene con sostener a Raúl en pie, cariño, deja eso que ya te has bebido hasta el hielo, y Raúl diciendo que era un pulpo volante y esas perlas que le regala la inspiración sabadera. Empecé a seguirte a todas partes, a bailar, a por bebida, muchas gracias por la cerveza, y sí, me daba cosica verte tan pegadita al Germán, el morro que tiene le llega de aquí al guardarropa, pero a ti con uno no te bastaba. Cogiéndome del brazo cuando te venía en gana, por el tacto se te notaba de sangre fría, éstas son las chicas que a mí suelen hacerme subir por las paredes. ¿Y tú de dónde, Ismael? Caray, si se queda con mi nombre, Raúl deja de besuquearme y atiende, esto debe significar algo bueno, ¿no? Le digo yo era de aquí y luego de allí y ahora de acá. Y ella tu padre es militar, ¿verdad? ¡Bicho! Qué capacidad de deducción la tuya, ¿tú quieres volverme loco, no? Eso es la gota que colma el vaso y después de esto te sigo aquí, a tu casa, a Alcalá de Henares y a Pekín, si te vas al inframundo mejor, allí se puede estar calentito. Si Carlota, yo te prometo que no soy así, ¿pura fachada dijiste? Ningún plasta, es sólo que seres como tú son un bien escaso, y yo no me rindo así como así. Ten por seguro que me las apañé para que antes de irnos a casa pudiera verte una vez más, y ahí fue cuando te la solté porque esas cosas yo no me las callo, venga no me seas, un número de teléfono, una cuenta de mail, una dirección postal, una señal de humo, y tú apoyada contra la pared, haciendo que me muerda las uñas sólo con verte esa sonrisita de niña mala mirando al cielo, Tiene que ser el destino, y yo ¡serás! Y tú el destino o nada, majete, mírame que estoy borracha, confía en el destino. Vale, digo yo, juego, pero que sepas que no me rindo a la primera ni a la tercera, te hará falta una orden de alejamiento y algo de suerte. Casi trastabillabas contra la pared, no me había fijado en tus zapatitos, azules, ese brillo como de charol, qué valentía, qué genio. Ese amigo tuyo, se me ha borrado el nombre, diciendo bueno yo me voy a casa a tomar un trago, y de pronto todos lo estábamos siguiendo como por mandato divino, y él se para y pone las cosas en su sitio: vamos a ver, he dicho que voy a casa a tomarme un trago, ni obligo a que me sigan ni prohíbo que lo hagan, declaro mis intenciones y ale, ¿capisce? Oído cocina, ¿pero dónde está tu casa? Claro, Carlota, amore, claro que pensaba en ti, cara mía, madrileñita; hay que echarle cara a las oportunidades, vamos a casa de este tío tan de puta madre que por cierto no recuerdo su nombre, a ver si nos quedamos todos dormidos, si con un poco de suerte me cae un presente del cielo en forma de Carlota inconsciente sobre el sofá, me acerco sigilosamente, mmm bonita, has bebido lo tuyo, ¿te desabrocho ésto? Pero tú no caes en el tópico de ser simplona, le susurraste al tipo algo, querías que yo lo oyera pero no lo escuchara, "estamos cansadas y nos vamos a casa", eso es lo único que me llevé a casa. Ahí se desvaneció todo, mi última carta por los suelos, gana la banca, oooh oooh pobre Ismael pobre, en fin, chicos, para el catre que nos espera una larga caminata, gracias Carlota por esa última mirada antes de marcharte; de lo contrario bien podría estar criando malvas, yo. Adiós muchachos, adiós bonita, entonces cojo a Raúl por un brazo e Isa por el otro y así, como un trío de presos con cadena a los pies, a patita; la cara de las calles va lavándose, al principio pedregosa y gótica, como lo es el Carmen, después las luces y el asfalto interminable, y por fin nuestro barrio, ostras ¿ésos no son...? ¡Mis compas del curro! ¡Luis, Antoni, que soy yo, Raúl! El tipo cruzando la Giorgeta con los pantalones por los tobillos, Isa al principio mosqueada pero quién se resiste a una imagen así, nunca la he visto tan descojonada y con la que se le ha venido encima, lo del paro, la ex de Raúl llamándola mala madre, eso sí, aguanta como una jabata, ¿verdad, hermanos? Es el punto de cordura que Raúl necesita, Isa, qué, Isa, qué bien me caes, hijo mío tú a mí también, pero mañana por la mañana no pensarás lo mismo, ¿y eso a qué? A que estás como una cuba. Isa, me he enamorado. Carlota, especacular, Carlota la reina de corazones, Carlota la católica, hermosa y sentimental. Y se escucha: ¡Carlota es una tipa, tío, es una tipa que...! Lo dice Raúl, que ahora está cruzando la Giorgeta en dirección contraria recogiéndose los pantalones, los coches venga a pitar, está en rojo, cencerro, y la Isa hijo, ni que hubieras nacido hace quince minutos. ¿Qué me decías? Que Carlota es lo que no hay, una espía sideral con labios flojos que vuelven hacia adentro, ¿en mi idioma por favor? Y Raúl, en las escaleras de su finca, aclarándome; por esa tipa hemos suspirado todos durante años, yo, el Rulos, Germán, Chus, hasta el perro de mi madre la olía con un cariño especial. ¿Y qué, resultado? Pues que esa tipa es súper exigente, yo todavía no le he encontrado ningún defecto, hombre lo tendrá, dice Isa, y Raúl sí, que es madrileña. ¿Porqué no quedas con ella algún otro día? Me pregunta Isa, y yo le digo porque tiene que ser el destino, y ella ¿no habra sido capaz de decírtelo así? ¡qué hija de puta! Eso sólo se lo digo yo a un tío del que no quiero volver a saber. La puerta se abre y yo tengo que hacer la de Cristo en la cruz para no chocarme contra las paredes. Ven, Ismael, no, por ahí no que está el niño, que no te oiga, si por mí no me importa pero luego Alejandra se entera de ésto y no veas la que me monta. Mira, mira qué sofacín te acabo de preparar. Oye, estás muy callado, ¿ocurre algo? Venga. ¿Por qué dices esas cosas? Eso no va a servirte de nada, chico. Tú vales mucho más, fúmate ésto que te reencienda, sabes que yo estoy aquí para lo que sea, te quiero, tú vales un mundo, y ésa un camelo. Pues claro que sí, mírame a los ojos y habla, ¿pretendes que me crea que estás enamorado? Espero que duermas bien. Ni gracias ni nada, ésto lo hago porque quiero, tienes bebida en la cocina, que está allí, el baño allá, que te guarden los angelitos, corazón.



Y de pronto, abro los ojos. El salón está completamente a oscuras, me envuelve una manta gruesa, ¿pero seguro que estoy aquí? Más bien me parece estar de vuelta en el Carmen, en casa del amigo de Carlota, deslizándome bajo su manta y quitándole esa blusa negra, bajando la mano un poco más hacia ese calor en el centro, Carlota, ¿cómo puedo volver a encontrarte? Y ella el dedo en mis labios, chssst y no pares, tiene que ser el destino, pura fachada, ni se te ocurra ir más lejos, ni se te ocurra... estiro el cuerpo tanto como puedo sobre el sofá, vuelvo a dormirme y tengo un sueño, estoy en una especie de castillo, de excursión con mis amigos de la infancia; las chicas toman el sol sobre sus tumbonas amarillas. Todos buscan su atención pero parecen haberse convertido en unos torpes de cuidado, tartamudean al acercarse y les pasan notas de amor que rezan: "me gustaría conocerte". Ellas se ríen con las manitas sobre los dientes y me dicen fíjate qué estupideces tenemos que aguantar, Ismael, tú nunca escribirías algo así, ¿verdad?

2 comentarios:

Guri dijo...

Ai.... se puede decir algo más?

El destino es mujer, y es una puta. Todo el mundo sabe que las mujeres están aliadas. Y... respecto a su oficio, sólo la hizo más astuta.

Lars dijo...

¿Aliadas estáis? Oh, dioses del cielo.

Entonces soy como un desertor solitario que trata de abrir brecha en la punta de un ejército compacto...

¿Y si me cambio de acera?