Memento mori

Es francamente improbable que seas quien realmente afirmas ser.

Tu valor, tu alcance y tu propia definición están sujetos a la voluntad de tu propia memoria. La memoria, como entidad de personalidad propia que habita en tu interior, suele pasarte desapercibida en los momentos en que intentas hacer juez de ti mismo.

Eres lo que recuerdas. Sin la existencia de recuerdos, sin la resonancia de un pasado que permita establecer y conjeturar cuantas sombras, figuras y nociones atisbas en lo que sueles llamar presente, serías incapaz de operar más allá del puro automatismo subconsciente. Por desgracia, con frecuencia recuerdas tan sólo lo que te conviene recordar.

En ocasiones, los recuerdos más dolorosos, que acostumbran a ser también los más relevantes, parecen burlar tus sistemas defensivos con asombrosa contundencia. Y sólo en contadas ocasiones recibes al intruso con paciencia y sabiduría. Como norma general, eres mal testigo de ti mismo. En tu mente habitan innumerables datos que a priori resultarán del todo innecesarios; en tu subconsciente duermen incontables caricias cuyo valor es determinante y, sobretodo, necesario.

La memoria también aprende a traicionar con mala fe. Adquiere la facultad de olvidar justo lo que más aprecias. Diluye en un instante el objeto que más necesitabas en un instante crucial, la frase que mejor podría haber ensalzado tu espíritu en una noche aciaga. Otras veces trae al presente fantasmas cuya presencia no es sólo innecesaria, sino que también es perjudicial.

Esta mañana deseabas morir. Por la tarde hiciste el amor. De noche eras feliz. No has sido tú quien ha experimentado un cambio; ha sido tu memoria.

ex hypothesi: No pienses. Recuerda.



San Jerónimo escribiendo (1605). Michelangelo Merisi da Caravaggio.
Galeria Borghese, Roma.

2 comentarios:

Déägol dijo...

La memoria es un ente propio... y realmente no la valoramos hasta que la perdemos.

¿Qué o quién somos sin ella?

Marina dijo...

Nadie. Sin ella, no somos nadie.