Dominic



Era el tipo más encantador del mundo cuando levantaba la copa para un brindis. Mira que he visto manos manchadas de sangre, pero de ésas nunca lo hubiera dicho. El año pasado le cortamos la derecha a un tal Frankie; había violado a la hija de un banquero, y éste pedía justicia. Tendríais que haber visto esas manitas de mantequilla, suaves y lisas como el culo de un mono. Las de Vincent parecían dos peces globo hartos de comer, pero de no haberle conocido antes, nunca le habría tomado por uno de los nuestros.

Él no era de Brooklyn, pero a quién demonios iba a importarle si hablaba como un felpudo de Illinois. Pensaba con la cabeza, hablaba con la cabeza. Ya quisiera yo que todos fueran así. Cuando salíamos a pingonear por ahí para celebrar algún trabajito, siempre era el primero en agenciarse a alguna. Podía ser más feo que una iguana muerta, pero el cabrón tenía sus recursos. Y no le hacía falta que las guarras vieran cómo le colgaba la Colt del pantalón, ni dejar caer entre palabras alguna historia sobre el último tipo al que se cargó. Eso es lo que Mickey hace constantemente. Mick me pone enfermo. Es la clase de gente que confunde lo que es ganarse la vida haciendo esto. Tiene toda las papeletas para terminar pegándote un tiro por la espalda o soplándole a los maderos. Vincent no hacía nada que diera mínimo lugar a sospechas, y por eso le gustaba tanto a Pastore. Porque era una mina, el tío más discreto que jamás hubiera trabajado para él. Lo de Shadow Vinz, por cierto, fue idea mía.

Hace ya varios años, noté que los muchachos se miraban entre ellos y sacaban sonrisitas cuando a mí me daba por decir la palabra Omerta. Se daban codazos y miraban para otro lado. Hasta que Vincent me dijo: Omertá, chico. Se dice Omertá. No se reía. Permanecía serio y se encendía otro Palm Mall. Ahora me doy cuenta: el puto Vincent se equivocó de carrera. Tendría que haber sido actor. John Huston se habría meado de gusto con él.

Lo que solíamos decir era: "me dedico al procesamiento de residuos". O bien: "soy representante de la compañía Bompensiero". O, si querías ser escueto: "me dedico a los negocios". Cosas que no eran del todo ciertas sin llegar a ser mentira; ya sabéis. Sin embargo, hasta un idiota borracho las sabría soltar con más elegancia que nosotros. Entendedme: nos conocía toda la ciudad. Cualquier neoyorquino con media leche había oído hablar de Philippo Pastore, y lo normal era que tu cara apareciera en el Times al menos una o dos veces al año, así que a la mayoría se la sudaba si lo que decías colaba o no. Y si eres un hombre poderoso, si tienes para comprarte un coche nuevo cada dos meses, si no estás obligado a pagar impuestos, si no te cuesta romperle el cuello a un bastardo por faltarle al respeto a tu chica, ¿por qué ibas a callártelo? Bien, pues Vincent no pensaba así. Uno diría que toda esa discreción estaba pensada para cuidarte a ti, a toda la familia. Por eso me jodió tanto tener que volarle la cabeza.

No sé por qué la gente se empeña en no creérselo. Lo de que pasó sus últimos segundos llorando y suplicando. Todos parecemos muy únicos y especiales ahí fuera, pero cuando se trata de una bala atravesándote el cráneo es cuando se ve que todos somos iguales. Lew, tío, era escoger entre ocho años en el trullo o trabajar para ellos... esto pasó en New Jersey, me entiendes, ahí Pastore no puede hacer nada, tú conoces a Sarah, conoces a mis hijos, qué habrías hecho tú en mi lugar, bla, bla, bla. Le volamos la cabeza, le metimos en una bolsa, le tiramos al mar y luego lloramos en su entierro. Como está mandado. Puede sonar crudo y violento. Crudo y violento para alguien de la calle, claro. La gente no se da cuenta, pero todos viven bajo ciertas reglas que nunca han podido saltarse. La única diferencia entre sus reglas y las nuestras está en la persona que las escribe y aplica. Un tipo normal y corriente te dirá que el asesinato es malo porque así lo han educado; pero cuando un bastardo mata a su mujer, empezará a verlo de otro modo. Vincent, como hermano que era, bien pudo habernos matado a todos. Y conocía las reglas del juego. No tuvo nada que no se mereciera.

Yo no me quejo de lo que tengo. Las cosas me van bien con Diane; anoche decidimos que el niño se llamará Dominic. Es un bonito nombre, de origen europeo. Nos encanta a los dos. Y yo sé que a mi hijo nunca le faltará de nada, cosa que muchos tipos normales no podrían decir. Claro está que lo mantendré alejado de los negocios. Que haga ciertas cosas no significa que no sea consciente de los peligros que conlleva vivir así. Yo quiero que Dominic tenga una vida tranquila. Que sea un buen estudiante y que después lleve una vida de provecho. Un padre tiene que darlo todo por la familia.

1 comentario:

mv dijo...

John Huston se habría meado de gusto.

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