T.J.E. - Vol. 3


Y bien. ¿ Cómo es ella?

Tiene nombre, por supuesto. Pero el nombre es un fragmento de superficie que te interesa sortear. Un sombrero que utilizamos para distinguir al uno del otro. Tú tienes claro que no podrías confundirla ni en un sótano oscuro poblado por millones de brazos y piernas.

Piensas en la infinita cantidad de combinaciones que han de conjugarse para que se produzca un encuentro así. El resultante granito de arena es una ecuación irrepetible.

Pero volvamos a lo esencial. Descríbemela.

Ves una habitación oscura cerrada a cal y canto, sin puertas ni ventanas. En uno de los muros existe un hoyo del tamaño de un grano de arroz. Ves un trazo blancuzco trazándose en el espacio: el rayo de luz vespertina destruye la robusta barrera de la materia y se zambulle en tu córnea sin cegarte.

Ves una explosión de magma: el ardiente líquido salta por entre tus costillas. Una simiente de vida reclama su derecho a germinar en ese baño. El abrazo gélido y brutal de un animal que acaba de encontrarte en el corazón de la jungla. Lo que sientes escapa al vasto reino de la lírica, y dicha impotencia descriptiva sólo se alivia con una serie de proteicas imágenes; analogías que se deslizan bajo el mandato de las palomas que se desbandan en tu interior.

Para ti, Ella no tiene forma. Ha trascendido cuerpo y masa. Es tal que un etéreo dibujo celeste, un cumulonimbo que te gustaría moldear con los dedos.

La distancia es grande e intentar salvarla de un salto podría dejarte en mitad del océano. Debes exprimir esos pequeños momentos. Deshacer la pulpa mordisco a mordisco hasta sentir la dureza de la nuez con el filo de los dientes.

Estás impaciente por alcanzarla con la punta de la lengua.


1 comentario:

mv dijo...

Tiempo sin pasarme. Y cambios al regreso...

Desempañar un espejo. Explosiones de magma con impotencia descriptiva. Nuevas presencias sin forma. Impaciencia.

No sé si el Leitmotiv es el mismo, pero resultan tan familiares sus secuencias...