VIII. Despedida


Más fuerte que una exhumada memoria,
vuelve de allí donde exclama el silencio
y lo marchito reencuentra su euforia.
Allí, en la suave asfixia de su imperio.

Furtivo ojear. Despierta ahora el hálito
de las lenguas en tríada. Retinas
que ensueñan mundos, miríadas. Trágico
sí bemol de un concierto que ya expira.

Intuyo, en las ruinas que fueron cúspide,
un nuevo destino. Ascuas de un frío
abdicando a este exilio vital. Fútiles
vientos rindiéndose: palabra, hastío.

Ciudad inminente que halla su ritmo,
te rezaga. Queda atrás la sangría,
el deshielo que enciende un espejismo,
como el veneno en terca rebeldía.


3 comentarios:

Déägol dijo...

El otro día se me ocurrió un poema en la ducha, salí y lo apunté. Realmente me pareció que estaba bien. Al día siguiente lo releí y pensé que era muy malo. Terminé tirándolo. Mis versos no suenan tan bien.

Un saludo.

Lars dijo...

No te alarmes, Dëagol, eso nos pasa a todos y a mí con mucha frecuencia. La cuestión es que un poema difícilmente suele funcionar espontáneamente... hay que trabajarlo, corregirlo igual que debes hacerlo con tus textos (periodísticos o no). Aún así, no te desanimes, por favor: todo es cuestión de constancia, ánimo y también paciencia. Y aún con todo esto, me suele salir bastante mal.

Gracias por pasarte por aquí, como siempre.

Guri dijo...

Nunca hay que tirar versos >.<

A mi me ha venido a la mente una imagen que creé un día: una ciudad de cristal, en llamas.
Como un laberinto de espejos.